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Opinión

Homenaje a la necrofilia

ÓSCAR LUCIEN. EL NACIONAL
24/07/10

¿Están empeñados en averiguar quién mató a Bolívar? ¿Sigo dormido?

1 Expresión emblemática del Techo de la Ballena, uno de los grupos vanguardistas sobresalientes de la expresión artística y cultural de los sesenta, es, sin duda, el Homenaje a la necrofilia (1962) de Carlos Contramaestre. Nada como la exquisita pluma de Salvador Garmendia para describir la propuesta del artista: "Fue un auténtico cataclismo de cercana estirpe sadiana, que sembró el pánico y la consternación en medio de la gran majadería cultural caraqueña de ese tiempo. Huesos y vísceras de animales recién descuartizados cubrieron las paredes del garaje, que sirvió de escondite para la consumación del sacrificio. En una fotografía del catálogo rotulada como El artista en su taller, aparecía Contramaestre en el momento de elegir cuidadosamente las piezas para su trabajo, inclinado sobre un satánico mesón de matadero público. Contramaestre proponía, más que un ademán iracundo y exhibicionista, una respuesta cargada de sangrienta ironía al muy real y cotidiano ejercicio de represión y brutalidad armada, que la policía del régimen ejercía descaradamente en las calles".

Como componente de la creación artística y literaria son múltiples las referencias a la necrofilia como mecanismo de liberación, como estímulo para despertar conciencia. La necrofilia es la atracción sexual por la muerte o alguno de sus aspectos. También se define como una perversión sexual, la obtención de placer erótico con cadáveres. Moisés Naím hablaba recientemente de "necrofilia ideológica": el amor ciego por ideas muertas.

2. Me había quedado dormido frente al televisor. Me despierta el zumbido histérico de una alarma de automóvil. Antes de apagar el aparato, hago un rápido zapping y me frena una escena que me hace dudar de que, efectivamente, esté despierto. La imagen del ministro de Interior y de la fiscal general uniformados de blanco como tripulantes de una nave espacial es patética. No, no estoy dormido, no es una pesadilla, están profanando la tumba de Simón Bolívar en el Panteón Nacional, en vivo y en directo.

La confirmación me llega vía Twitter: "¡Hola mis amigos! Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche. Hemos visto los restos del gran Bolívar. Dije con Neruda: Padre Nuestro que estás en la tierra, en el agua y en el aire...

Despiertas cada cien años, cuando despierta el pueblo".

¿Qué perverso y enfermizo interés puede tener destapar una urna sellada por más de un siglo para hacer un show televisivo con un esqueleto, cuando hace apenas unos días en ese mismo Panteón han enterrado simplemente tierra para rendir culto a la memoria de Manuelita Sáenz? Fuera de la cursilería de expresiones como las del comandante en jefe de la profanación: "Confieso que hemos llorado, hemos jurado. Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada", ¿qué puede importar si efectivamente son esos los despojos mortales del Libertador si lo que cuenta es el debido respeto y resguardo a su memoria? ¿Qué manía tan demencial esa de andar recogiendo tierra para honrar en el Panteón Nacional o de exhumar cadáveres? En once años de gobierno bolivariano (sic) más de 150.000 compatriotas han muerto víctimas de armas de fuego, 95% de esos homicidios impune, y ahora el ministro responsable de la seguridad ciudadana, la fiscal responsable de garantizar los derechos humanos y el jefe del Estado ¿están empeñados en averiguar quién mató a Bolívar? ¿Sigo dormido? ¡Qué pesadilla!

3. Todos los sondeos de opinión de compañías con credibilidad, los intercambios personales en la calle, ratifican que una porción mayoritaria de los venezolanos quiere una nueva Asamblea, plural y equilibrada. Es altísimo el porcentaje de compatriotas, opositores y partidarios del régimen, que valoran la conveniencia de un parlamento expresión de la diversidad política del país: representativo, que legisle y controle. En consecuencia, son fundados los indicios que conducen a pensar que el reciente show de la profanación de los restos del Libertador, los polvos de Manuelita Sáenz al lado de la tumba de Bolívar, las nuevas denuncias de magnicidio, los insultos al cardenal y el descrédito hacia la Iglesia Católica sean parte de una estrategia distraccionista de lo que debe ser el foco de la sociedad democrática: organizarse adecuadamente para consolidar la fuerza electoral que haga posible la renovación deseada.

Y cantemos a la vida.


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